Conocí a Manolo Bueno el día que ingresó en la residencia de mayores donde yo trabajo, hace ya 10 años. En ese momento lo acompañaba su único hermano y una sobrina. El protocolo que seguimos con él fue el habitual en estos casos; mostrarle las dependencias del centro, adjudicarle una habitación para compartir con otro residente, informarle de los horarios